NOSOTROS SABEMOS LO QUE ES NO TENER NADA, ¿CÓMO NO AYUDAR?

Un grupo de 15 centroamericanos conformaron la Brigada Migrante para ayudar en el rescate y la reconstrucción tras los dos terremotos.

Se reparten entre Ixtepec, Morelos y el Estado de México, y no han parado de trabajar. Sienten que su solidaridad está ayudando a eliminar prejuicios contra la migración.

La Brigada Migrante sigue trabajando en Morelos y en el Estado de México. | Crédito: Imágenes cedidas.

Eran las 2 de la madrugada y sólo tenían dos palas. En el albergue Hermanos en el Camino no había siquiera suficiente gasolina para desplazarse en camioneta hasta Juchitán, donde dos horas antes la comunidad había sentido el epicentro del temblor de 8.2 que golpeó al país la noche del 7 de septiembre. “Así es que salimos caminando porque los muchachos querían ayudar”, relató a los medios Ernesto Castañeda, activista y coordinador del albergue.

Hondureños, salvadoreños, guatemaltecos y nicaragüenses se alistaron para trabajar en las labores de rescate con lo poco que tenían. Era el inicio de la Brigada Migrante, que hoy sigue trabajando en Morelos y en el Estado de México para ayudar a las víctimas del otro sismo de 7.1 que vivió el país el pasado 19 de septiembre.

Los primeros migrantes estuvieron concentrados en Juchitán, donde uno de ellos pudo entrar a los restos del Palacio Municipal derrumbado y ayudar en el rescate del cuerpo del policía municipal Juan Jiménez. Ahí apoyaron en la remoción de escombros y en el derribo de algunas de las viviendas que estaban dañadas para evitar que generaran más riesgos para los vecinos. Cuando sucedió el segundo sismo, no lo dudaron y 15 de ellos viajaron rápido a la capital para seguir ayudando.

“Nosotros sabemos lo que es no tener nada, vamos de camino. Ahora hay muchos que lo han perdido todo y están como nosotros, ¿cómo no íbamos a ayudar?”, decían los migrantes cuando hablaban con los vecinos de Ixtepec frente a sus casas derribadas. El hermano José Filiberto Velásquez, quien los acompaña organizando la brigada, recuerda la historia de una mujer que lloraba y decía que ella había tratado mal a los migrantes y ahora eran ellos quienes la estaban ayudando. “Hay mucha empatía. El poder reconocer el sufrimiento y la humanidad del otro es importantísimo”, dice Velásquez, quien cree que estas brigadas ayudan a dignificar la imagen del migrante.

Jóvenes de El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua componen la Brigada Migrante.

Óscar Escobar, salvadoreño de 27 años, apenas lleva 25 días en el país, pero ha pasado casi toda su estancia ayudando. “El día 7 veníamos en camino; estábamos en Chiapas, en la frontera de Guatemala y México. Cuando tembló me desperté y levanté a la gente con la que estábamos, porque se sintió muy fuerte y duró bastante. Tardamos un poco en llegar a Oaxaca porque como migrantes teníamos que ir esquivando las casetas de migración. Cuando por fin llegamos a Ixtepec vimos la desgracia que estaba ocurriendo: había muchas casas en el suelo, gente durmiendo afuera, otros que lo habían perdido todo… Y decidimos quedarnos a ayudar a sacar escombros y apoyar a la gente que tenía fobia de entrar a sus casas”.

Escobar recuerda que también en El Salvador sufrieron dos temblores en 2001, y aunque estaba pequeño no olvida que México fue uno de los primeros países en apoyar. “Ahora yo quería solidarizarme igual”, dice.

“Hay gente que nos tienen temor por ser migrantes, creen que somos pandilleros, pero también hay mucha gente buena. Yo creo que es temor, no discriminación. Por eso me encanta cuando llegamos con un ánimo diferente y empiezan a sonreír; ya quedan con un sentimiento diferente y nos ofrecen cualquier cosa de comer o de tomar, aunque están pasando un momento difícil. Eso me enorgullece, ser parte de esta Brigada Migrante, porque en verdad somos hermanos y no nos queda más que ayudarnos”, cuenta Óscar.

Aunque no todo les ha resultado así de fácil. Durante el viaje hacia la Ciudad de México tuvieron un altercado con dos agentes que revisaron su equipaje y requisaron sus documentos cuando vieron que eran migrantes.

“Todos traemos el anhelo de realizarnos y tener una vida distinta ─relata Escobar─. Nuestra ilusión no es llegar a EU, no es un sueño americano, es simplemente encontrar un lugar donde poder trabajar, ganar mejor y, si economizas, poder ayudar a la familia. Venimos en buena onda, como dicen aquí, para hallar un lugar donde estar tranquilos, ser alguien y cambiar nuestra estabilidad económica, ya que en nuestros países está muy difícil por la violencia”.

Óscar y sus compañeros ya no tienen el miedo inicial que traían al viajar sin documentos. Ahora sienten que realmente pueden contribuir a ayudar a la gente y que, cuando los conocen, son bien recibidos. “Le podemos decir a México que le eche ganas, que nosotros vamos a seguir ayudando hasta que nos queden fuerzas. ¡Que viva México!”, concluye.

Los miembros de la Brigada creen que trabajar junto a los damnificados está ayudando a cambiar la imagen negativa que muchos tienen de los migrantes.

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