TRANSMIGRACIÓN, UN RETRATO DE LAS MUJERES TRANSEXUALES EN MIGRACIÓN

América Sin Muros entrevistó a Víctor Hugo Gutiérrez Albertos, director del documental Transmigración

, que busca visibilizar la situación de violencia a la que están sometidalas personas transgénero obligadas a migrar.

 

Irene Larraz │ América Sin Muros

Durante su estancia posdoctoral en la Universidad Autónoma de México, Víctor Hugo Gutiérrez Albertos llegó a La 72, una casa de refugio de personas migrantes ubicada en Tenosique, Tabasco, la frontera sur mexicana. Allí conoció a Paola, una mujer transexual que venía huyendo de Honduras después de recibir amenazas por su identidad sexual. Para Paola la migración forzada se había convertido a la vez en un proceso de emancipación y resistencia trans que la empoderó hasta convertirla en defensora y activista de los derechos de la comunidad LGBTTTI, y Víctor Hugo sintió la necesidad de contar su historia.

Así es como nace Transmigración, un documental en proceso de producción, que aborda la situación de tres mujeres forzadas a migrar por su identidad sexual. En entrevista con América Sin Muros, Gutiérrez señala que la llegada de migrantes transgénero está en aumento y que todavía existen muchas contradicciones a las que se enfrentan cuando llegan a México para pedir refugio.

 

 

¿Cómo surge este documental?

Tuve la oportunidad de ir a la frontera sur y participar en la casa refugio de La 72 y,después de estar implicado en sus procesos, me pareció muy emancipador. Quienes dirigen la casa son franciscanos, y tienen una visión sumamente abierta de cómo vivir la identidad sexual. De hecho, les dan bastantes elementos para que puedan empoderarse de su propio proceso de emancipación sexual, si todavía no lo han empezado a asumir.

Después fuimos viendo el aumento significativo de la llegada de población perteneciente de la diversidad sexual que atravesaba la frontera sur mexicana. Junto a Médicos Sin Fronterasfuimos identificando los motivos de expulsión de estas personas de sus países de origen ytambién las nuevas coyunturas de violencia que vivían en su migración.

 

¿Y cuáles son las causas?

Muchas no han tenido la posibilidad de ‘salir del armario’ o de vivir su identidad de género como a ellos les gustaría debido al contexto heteronormativo tan fuerte y de tanta violencia que viven en países de Centroamérica, y eso está haciendo que gran parte de las personas de la diversidad sexual sean especialmente vulnerables. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos sacó un informe que da una cifra muy alarmante: la esperanza de vida de 8 de cada 10 personas de estos colectivos en América Latina no es mayor a 35 años. Entonces, si esa esa media en América Latina, podemos imaginar cómo es en países como Honduras o El Salvador, donde este tipo de colectivos de diversidad sexual están muy expuestos y hay un componente muy arraigado de homofobia por parte de las pandillas. Son las realidades más críticas y de mayor vulnerabilidad para estos colectivos.

 

¿Con qué situación se encuentran cuando llegan a México?

Es cierto que la situación en México tampoco es que sea sumamente halagüeña, también se viven muchas contradicciones. Ciudad de México, por ejemplo, presume de ser una de las ciudades de América Latina con legislaciones más avanzadas y con mayor garantía de derechos para estos colectivos, pero también tiene una transfobia muy enraizada, que el año pasado provocó que en un mes asesinaran a cuatro compañeras trans.

¿En qué medida está aumentando la llegada de migrantes transgénero?

La Comisión de Derechos Humanos, con Acnur y otros colectivos como el Centro de Derechos Humanos Fray Matías en Tapachula lo han ido documentando. Pero además, en lugares como la Casa de La 72 es una realidad visible: estás un rato en esa casa de migrantes y percibes que gran parte de las personas que están llegando son de la diversidad sexual.

 

Víctor Hugo Gutiérrez Albertos, director del documental Transmigración, durante la grabación. Imagen cedida por Transmigración.

 

¿Cómo es vivir la migración siendo transexual?

Muchas veces el mismo proceso migratorio supone una oportunidad para estos colectivos, que siempre han estado tan oprimidos por muchas situaciones de violencia que viven, y en el proceso migratorio se encuentran con otras compañeras trans, o con colectivos más respetuosos con este tipo de diversidad, y eso hace que muchas empiecen a hacer sus propias transiciones en el camino.

Es una forma de entender la migración como una emancipación

Indudablemente. Al final, la identidad de género también son procesos migrantes, y las migraciones suponen que las personas están buscando otras oportunidades, y no sólo son en el ámbito laboral, de la salud o educación, sino también para poder construir la identidad como verdaderamente lo perciben o lo sienten. Sabemos también que con la administración Trump, muchas deciden quedarse en México y tratan de conseguir su visa como refugiadas aquí.

 

¿Cómo es en las otras casas?

Sé que hay muchas filosofías que se contraponen y muchas maneras distintas de entender las migraciones de manera más asistencialista, más emancipadora, hay muchos enfoques. Afortunadamente, mi primer contacto fue con la 72, donde se les da todo ese protagonismo desde dentro del funcionamiento de la casa migrante. Fruto de la transfobia con la que viene mucha gente migrante, hasta dentro de la casa eran un colectivo muy vulnerable, y las propias personas de la diversidad sexual empezaron a exigir sus espacios de seguridad dentro de la casa. Los encargados lo vieron como una prioridad y buscaron los fondos para hacer un módulo de la diversidad sexual, al igual que hay un módulo para adolescentes y otro para niños. A priori puede parecernos muy enfrentado con nuestra visión de la inclusión, pero cuando se viven situaciones de tanta emergencia y de tanta violencia, tienes que caminar a la par con muchas políticas para generar convivencia y respeto a la diversidad, porque si no se puede revictimizar más a este colectivo.

 

Paola durante una intervención sobre derechos de identidad sexual. Imagen cedida por Transmigración.

 

¿Cómo ha visto ese empoderamiento de las mujeres transexuales?

La mayor parte de las compañeras trans que te encuentras son bien luchonas, porque han pasado tantas situaciones horribles que, además de tener un compañerismo impresionante entre ellas, tienen una capacidad de lucha como no lo he visto en otros colectivos.

Las protagonistas, Paola y Álex, venían de San Pedro Sula, quizá la ciudad más peligrosa de Latinoamérica. Ellas salen huyendo de un día a otro porque hay muchas amenazas. De hecho, Paola ya había huido una vez pero fue deportada cuando la agarraron en Arizona y la metieron en las ‘hieleras’ que existen en algunos centros de detención de Estados Unidos en los que no escatiman a la hora de torturar a las personas para desincentivarlas para que no lo vuelvan a intentar. Una de estas son las hieleras, en las que van bajando muchísimo las temperaturas. Paola lo recuerda como uno de las vivencias más traumáticas de su vida.

Yo la conocí en La 72 la segunda vez que intenta cruzar junto con Álex, un compañero que en ese momento no era trans, pero que conforme avanza va haciendo distintas transiciones. Al final, la identidad de género también son procesos migrantes, y es bonito hacer ese paralelismo con su experiencia migratoria. Cuando nosotros lo conocemos es Álexis hombre, y en la casa refugio empieza a tener ciertos referentes, ciertas vivencias de la feminidad que lo van haciendo vincularse más a vivirse como mujer.

 

¿Así es como nace ‘Transmigraciones’?

La idea del documental es no quedarnos sólo en ese momento puntual, toda la migración de los trans es un tema invisibilizado que necesita un documental. Viendo esa situación de emergencia de este colectivo en la región, cualquier esfuerzo es poco, así que empezamos a darle seguimiento a las historias. Ahora Paola está en Estados Unidos, estuvo 6 meses presa por llegar sin papeles, pero gracias al empuje de muchas asociaciones de la diversidad sexual y de derechos humanos, se luchó el caso y le terminaron dando la condición de refugiada. En La 72 empezó a constituirse como defensora de derechos humanos y ahora estuvo en la OEA hablando sobre diversidad sexual. Todavía no he podido ir a documentarla a Estados Unidos porque también está en una situación de fragilidad en la que no se siente muy segura, porque la situación migratoria está cambiando tanto y tan rápido que hay muchas personas preocupadas.

 

Álex, una de las protagonistas del documental. Imagen cedida por Transmigración.

 

¿Qué pasó con Álex?

Álex llegó a Ciudad de México y volvió a transicionar a hombre. En su primera transición a mujer, tal vez tener todos los referentes le dio los elementos para vivirse de esa manera, y luego al llegar a la ciudad, la cisnormatividad que se vive para poder encontrar trabajo, vivir, etc. impacta tanto, que muchas veces uno no actúa de la manera como realmente más te sientes, sino que son situaciones de supervivencia en las que te tienes que adaptar.

 

¿Han encontrado otros casos así?

Encontramos una compañera en Tapachulas que vivía una transición forzada. Él era un chico gay, pero la realidad laboral en Tapachulas era tan complicada para poder mantenerse y tener unos mínimos de supervivencia económica, de hogar, etc., que se había visto obligado a empezar procesos de hormonización para hacer una transición forzada hacia mujer trans porque preveía que eso le iba a generar más ingresos en el trabajo sexual, porque como chico no era tan atractivo para los clientes. Para él, hacer una transición cuando realmente no lo sientes era algo traumático. Imagínate, empezar a ver que te están creciendo los senos, que te está cambiando la voz y que no estás cómodo con ese cuerpo, te hace no desearlo. Hay muchas aristas del problema.

 

¿Quién es el tercer personaje del documental?

La otra protagonista es Vicky, de Tegucigalpa y que tienen un perfil distinto. Vicky reúne otro elemento: después del golpe de Estado en Honduras se convierte en defensora de Derechos Humanos. Ella empieza a tener un papel muy activo en diferentes niveles de gobierno, se postula como diputada y empieza a ver una estrategia de eliminación de cuadros altos. Eliminan a Berta Cáceres y a personas que parecían más intocables, y Vicky se siente acorralada y busca un salvoconducto en Madrid para huir. Sus historias son distintas, pero hay muchos puntos de encuentro.

Honduras es el país con mayor número de crímenes de odio contra este colectivo, y este documental quiere de alguna manera incidir en esa realidad que en la región ya ha cambiado. Buscamos entender las diferentes violencias y cómo se van reconfigurando en el país de origen, en el tránsito y en el destino. Al final siempre vas a estar discriminado, pero de maneras distintas. Paola, por ejemplo, ya consiguió sus papeles, pero también padece otro tipo de violencia: cualquier migrante sabe las dificultades que puede tener ser latino en algunos lugares de Estados Unidos, pues siendo latinoamericana, hondureña, mujer y trans, se multiplica. Queremos ir viendo cómo evoluciona y se transforma ante ese clima de violencia.

 

Una de las activistas de los derechos LGBTTTI. Imagen cedida por Transmigración.

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