ESTACIONES DE AGUA EN EL DESIERTO: EL SALVAVIDAS DE LOS MIGRANTES

Varias organizaciones sociales recolectan agua y la colocan en tambos en mitad del desierto en California, Arizona y Texas para ayudar a los migrantes. Hablamos con tres de ellas.

 

Las estaciones de agua se han vuelto parte del paisaje en las zonas desérticas de los estados fronterizos de California, Arizona y Texas. Cedida por Water Stations.

 

Irene Larraz │ América Sin Muros

 

Eddie Canales, activista pro migrante y director del South Texas Human Rights Center, coloca agua en una estación cerca de Falfurrias, en Texas.

Alguien había llegado hasta una de las estaciones de agua que Eddie Canales coloca en el condado de Brooks, en Texas, y le llamó. Venía desde Guatemala. El pollero le había abandonado unas millas después de cruzar la frontera y ahora estaba perdido en mitad de la nada. Había encontrado la estación de agua y en ella el teléfono de Eddie; su último recurso.

─¿Estás bien?, ¿necesitas un rescate? ─preguntó Eddie desde el otro lado de la línea.

─No, no, un rescate no. He hecho muchos sacrificios para llegar hasta aquí. Sólo quiero un poco de información para saber dónde estoy, por dónde puedo seguir.

Canales le llevó algo de comida y el dueño del rancho en el que se encontraba le animó a quedarse un rato para descansar y recuperarse. Después de un par de llamadas el joven consiguió que unos amigos le fueran a buscar y siguió su camino, ya a salvo. “Cada tanto llama y me avisa que todo está bien, que está trabajando en Houston”, cuenta Eddie.

Muchos no corren con la misma suerte. En lo que va de año solo en el condado de Brooks, donde apenas conviven 7,000 personas, han encontrado 41 cuerpos y restos de migrantes que intentaban encontrar el rumbo hacia el norte, cuenta Canales, que después de dar la cifra guarda silencio por unos momentos.

Eddie habla desde su casa en Falfurrias, Texas, un pequeño pueblo a 15 millas de un puesto de control traicionero y a unas 75 millas de la frontera con México. La llaman la segunda frontera, y para muchos es más peligrosa que la verdadera. En los últimos 7 años se han contabilizado al menos 550 muertes de inmigrantes que trataban de evitar a las autoridades. “La gente entra al monte, un desierto lleno de árboles, nopales, cactus, pura vegetación seca y arena mezclada con pastizal, y todo es un peligro”, señala Canales.

En 2012 encontraron 129 cuerpos. Aunque la cifra podría ser mucho mayor, admite el sheriff Benny Martínez en entrevista con la BBC: “Diría que por cada cuerpo que recuperamos, probablemente hay cinco ahí desaparecidos. Eso habla del número de cuerpos que todavía están ahí afuera que no han sido encontrados”, añade.

Desde ese momento, Eddie decidió crear el South Texas Human Rights Center para ayudar a los migrantes a seguir vivos. Recolecta donaciones y compra litros y litros de agua que coloca en estaciones señaladas por una bandera azul y roja. Ya tiene 115 estaciones, y varios vecinos y voluntarios colaboran con él. “La gente pasa y uno no sabe cuántos van; es muy raro que podamos tener contacto con los migrantes, pero lo importante es que sabemos que la gente usa el agua, y es muy probable que eso les salve”, añade.

 

Water Stations a lo largo de la frontera

 

La falta de agua y el calor asfixiante son los principales causantes de las muertes de los migrantes en la frontera entre México y Estados Unidos. Cedida por Water Stations.

 

Las estaciones de agua se han vuelto parte del paisaje en las zonas desérticas de los estados fronterizos de California, Arizona y Texas, donde varias organizaciones sociales se coordinan para esta labor. De lado a lado de los 3.057 kilómetros de frontera que atraviesan el continente existen iniciativas para brindar agua a los migrantes para tratar de salvar sus vidas.

La falta de agua y el calor asfixiante son los principales causantes de las muertes de los migrantes en la frontera entre México y Estados Unidos, que ocupa el tercer puesto como lugar más mortífero para los migrantes, después del Mediterráneo y el norte de África. De hecho, en los seis primeros meses del año, el número de migrantes muertos o desaparecidos ascendió a 231, lo que supone un 38% más que en ese mismo periodo del 2016, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Sin embargo, las detenciones disminuyeron en la misma proporción, lo que significa que los migrantes son menos pero toman rutas más peligrosas para evitar a las patrullas fronterizas, según explicó en un comunicado Joel Millman, portavoz de esa agencia.

Por eso, Laura Hunter, coordinadora de la organización Water Station, ha visto cómo ha disminuido el número de migrantes que atraviesan el desierto para llegar a Ocotillo, en California. Junto con su esposo John llevan 16 años colocando estaciones de agua para los migrantes que llegan sedientos, y este año es en el que menos gente ha pasado por ahí.

“El año pasado, en agosto, rescatamos a dos muchachos que tenían 5 días perdidos, sin comer ni beber porque los había abandonado el pollero, y se pusieron contentos de que los encontráramos”, señala Laura. “Normalmente no vemos a la gente que pasa, pero a través de los años hemos encontrado monedas mexicanas en alguna de las estaciones y mensajes que decían ‘muchas gracias’ o ‘bendiciones’. Y en ocasiones nos han dejado notas en inglés que dicen ‘tomamos de su agua, muchas gracias’”.

Laura comparte una ficha que les entregó la Patrulla Fronteriza y en la que aparecen contabilizados el número de muertos: 33 en los últimos 5 años. Casi la mitad por deshidratación. “Nosotros queríamos hacer algo y empezamos a poner estaciones de agua. Es un tambo donde se colocan 100 galones de agua en una caja y los revisamos cada dos semanas. Esas estaciones se instalan de finales de marzo a finales de octubre cada año, y tenemos permiso para hacerlo”, dice.

Si bien realizan una labor humanitaria y cuentan con permiso federal para ello, hay mucha gente que se opone y cada año Water Stations enfrenta actos de vandalismo en las estaciones. “Nunca hemos sabido quiénes son. Pero además esas estaciones han ayudado a personas que tienen problemas con el carro, por ejemplo, que se les haya quedado atascado en la arena, etc. O incluso hemos ayudado a rescatar a la gente que va de fin de semana y se pierden”, relata.

 

Los desiertos de la frontera

 

Humane Border ha colocado 48 estaciones de agua repartidas por el desierto de Arizona, y cada estación cuenta con 55 galones. Cedida por Humane Borders.

 

¿Dónde mueren las personas que intentan cruzar?, ¿cómo mueren y por qué?, ¿habría algo que se pudiera hacer para evitarlo? Esas preguntas se hacía Juanita Molina hace 17 años, cuando encontraban entre 30 y 40 personas en el desierto cada año y el gobierno comenzaba a llamarlos criminales.

“Antes iban cruzando en lugares cerca de agua, pero empezaron a cambiar las dinámicas y la gente comenzó a buscar lugares más remotos, sin agua, donde podían morir más fácil. Hay muy poca agua en Arizona y eso es lo que lo hace ser un lugar tan peligroso. Uno, físicamente, no puede cargar suficiente agua para todo el trayecto. Estaban muriendo más cerca de la línea y más lejos de los pueblos. Entonces empezamos a ver más de 100 muertos al año y cuando hacían los análisis, la mayoría de las personas morían de deshidratación”, relata.

Después de conocer de cerca lo que estaba pasando, formaron la organización Humane Borders que ahora dirige, y comenzaron a poner tambos de agua en varios lugares. Y han seguido haciéndolo durante los últimos 16 años. Tienen 48 estaciones de agua repartidas por el desierto, y cada estación cuenta con 55 galones.

Juanita asegura que todo lo que hacen es completamente legal y disponen de permisos del gobierno federal. Sin embargo, tienen que enfrentar amenazas y daños en las estaciones de agua e incluso en sus propias oficinas. “Empiezan con balazos, tratan de dispararles a las estaciones de agua, tratan de recortarlas, incendiarlas”, describe. “Estamos hablando de cientos de millas de desierto completamente aislado, no hay agua, no hay recursos, hay cactus y hay mucho peligro y los accidentes terminan siendo letales, una torcedura de tobillo, o si come algo que le sienta mal. Es el extremo”. Y sin embargo hay gente que prefiere arruinar los tambos de agua, dice.

Para Juanita y el equipo de Humane Borders ha sido una tarea ardua. “Es muy difícil a nivel emocional: recibimos llamadas de personas desaparecidas, porque ven el mapa, y piensan que pueden ser su familia: si se notifica a la familia. Nosotros publicamos la identidad de los desaparecidos cuando la tenemos, pero hay más de 900 personas que no han sido identificadas en estos últimos 10 años”, cuenta. “Los familiares nos llaman y hacemos lo posible para conectarlos con servicios y vamos dando información sobre la crisis psicológica y emocional que supone. Una señora llamó a reportar a su marido y a veces ella llama a la oficina para decir ‘es su cumpleaños’ o ‘es Navidad y estoy pensando en él’. A veces es más traumático no saber que encontrar los restos”, dice Juanita con un tono solemne.

 

La organización Humane Border ha sufrido varios actos de vandalismo en sus estaciones de agua por parte de gente que se opone a ayudar a los migrantes. Cedida por Humane Borders.