LOS DREAMERS SON UN CAPITAL HUMANO IMPRESIONANTE

Diego Gómez Pickering, el cónsul de México en Nueva York,presentó su último libro ‘Un mundo de historias’ ,con el que busca generar más entendimiento entre las personas y derribar “muros mentales”.

 

 

Gómez Pickering afirma que el consulado se encuentra a la espera de la decisión del Congreso sobre la situación de los dreamers.

 

Irene Larraz │ América Sin Muros

En la clase de una plaza comunitaria en Nueva York hay migrantes mexicanos, guatemaltecos, dominicanos, salvadoreños y ecuatorianos. Algunos tienen 20 años y otros más de 70. Diego Gómez Pickering (Ciudad de México, 1977), que dirige uno de los consulados más importantes de México, el de Nueva York, y que ha trabajado como consultor en varias agencias de Naciones Unidas, les enseña a leer y escribir, y confiesa que después de muchos años dando clases, “es curioso, pero en esas clases he aprendido más que con un doctorando”, comenta por teléfono.

Gómez Pickering acaba de lanzar su último libro, ‘Un mundo de historias’, y aprovechamos la ocasión para hablar sobre migración, dreamers y el discurso de odio contra los mexicanos.

 

En ‘Un mundo de historias’ lleva al lector a través de 30 lugares, ¿de qué forma nos habla su libro de la migración?

Es una compilación de relatos cortos que no tiene un tema en particular, son historias que no están vinculadas. Sin embargo, cada uno de esos relatos toca el tema de forma tangencial: todos somos migrantes, estamos en continuo movimiento: en aviones por nuestro trabajo, porque hemos migrado de manera voluntaria o de forma involuntaria, por escapar de situaciones intolerables... Si hay algo que vincula los relatos es el tema migrante.

 

Usted señala que la lección más importante del libro es que el lector pueda entender mejor al otro, ¿cree que hace falta más empatía hacia el migrante?

Sin duda alguna. El propósito fundamental del libro es despertar empatía. En un mundo en la que la intolerancia es creciente, nos encontramos con xenofobia o nacionalismos de extrema izquierda o de extrema derecha que nos llevan a ver con miedo y con ignorancia al otro. Construimos muros de manera constante, no sólo entre países, sino entre personas: por raza, por género, por estatus migratorio, por preferencias sexuales… cuestiones que trascienden la concepción física del mismo y que se convierten en muros mentales, creados por nosotros mismos. Vemos en la diferencia un peligro, algo negativo, cuando la diferencia en verdad tendría que ser algo positivo, porque es un potencial. Tenemos que fomentar la aceptación en lugar de la división. Por eso, el libro busca invitar al lector a descubrir y ver en el otro algo propio; verme reflejado en el otro y tender puentes entre nosotros.

 

En ‘Un mundo de historias’ Gómez Pickering ofrece un recorrido por 30 relatos de distintas partes del planeta.

 

¿Por qué el que emigra se ve como un héroe y al inmigrante se le mira por encima del hombro?

Estamos viviendo en una especie de regresión como humanidad. Hemos pasado por guerras mundiales, genocidios, periodos muy oscuros, y tendríamos que ser una humanidad mucho más evolucionada. Estamos en uno de los momentos más críticos de la época moderna, golpeando en cada esquina con una gran polarización. Y la migración sin duda es un tema esencial en este sentido.

Creo, apuesto y considero que la esencia humana es una esencia buena, y que para poderla despertar hay que empezar a ser empáticos con el otro, a vivir lo que el otro vive. Si nos ponemos en los zapatos de los demás a través de la literatura vamos a generar el sentido que necesitamos. El arte, de forma más extensa, tiene que jugar un rol más decidido para empezar a tender puentes. Lo que pretendo es que el lector se vea reflejado, aunque sean historias que les suceden a personas de otro bagaje, de otra cultura o de otra religión, que se puedan ver reflejados. En la medida que empiece esa identificación, veremos a la otredad como algo propio, no como algo ajeno.

 

¿Cómo se puede combatir la criminalización de los migrantes y el lenguaje de odio contra ellos?

Yo creo que cuando nosotros hablamos de la diferencia, hablamos desde la trinchera del miedo. Esa narrativa que fomenta el miedo, nace del miedo, y este, a su vez, es una muestra de la ausencia de conocimiento, de la ignorancia. No puedo entender algo si no lo conozco. Para combatir esa creciente narrativa, que no solo se da en Estados Unidos, también se da en el mismo México o en Europa, hay que fomentar el conocimiento e incidir en combatir el miedo. Ese miedo, creo, se combate con el conocimiento. La inquietud de ver al otro, de escuchar sus historias. Tenemos que perder el miedo y volver a confiar, y eso nace a partir de conocer otras historias.

 

Usted lo hace desde su propia experiencia como profesor

Sí, yo doy clases como voluntario a jóvenes y adultos (algunos septuagenarios) en una de las plazas comunitarias del Instituto de Mexicanos en el Exterior, que vincula a la diáspora mexicana con el país. El propósito es que aquellos migrantes que no terminaron su educación básica puedan hacerlo y tener una certificación. Yo doy clases de alfabetización, el primer nivel antes de empezar estudios básicos: leer y escribir.

Lo llevo haciendo muchos años, y ahora que regresé a Estados Unidos lo quise retomar. A mí me gusta mucho dar clases; he dado clases en escuelas, en universidades, y esta era una gran oportunidad de volver a dar clases a migrantes. Es quizá un reto mayor. A mí me sorprende que uno aprende más en las clases de alfabetización que en un aula universitaria. Es parte del conflicto que hablábamos, podríamos pensar que un migrante no tiene nada que enseñar, pero en esas clases he aprendido más que con un doctorando.

 

¿Cómo ha vivido la situación de los dreamers desde que se anunció el fin del DACA?

Es una situación que a México le preocupa y le desconcierta porque no entendemos por qué rechazan a un contingente tan grande de personas tan bien preparadas cuando este ─Estados Unidos─ es su país. Son personas que han pasado toda su vida aquí, que es el único país que conocen, donde han estudiado, donde han trabajado y al que consideran su país.

Es un capital humano impresionante y no entiendo por qué alguien está dispuesto a hacer esa transferencia de capital humano de un día para otro.

Yo confío que el Congreso legisle y garantice que los dreamers puedan quedarse.

 

¿El consulado hace más por apoyarles para que se queden o por preparar su camino de regreso ante posibles deportaciones?

La red consular trabajó para subvencionar a aquellos que no podían hacer el pago completo de su solicitud de renovación; se apoyó a miles de jóvenes. También con talleres informativos. Y más allá de eso, llegado el 5 de octubre no hay mayor cosa que se puede hacer; depende al 100% del Congreso. El 5 de marzo, si no se da una legislación, habrá que ver la decisión del presidente. También se apoya a aquellos que deciden regresar antes, y que han contado con medidas nuevas como la convalidación inmediata de sus estudios. Ahora toma dos o tres días convalidarlos y reinsertarse en el sistema educativo mexicano para terminar sus estudios y que puedan certificar su profesión de manera inmediata.

 

 

 

El cónsul, que lleva un año y medio en el cargo, afirma que todos los días enfrenta situaciones complejas relacionadas con la migración.

 

¿Cuál es el caso más difícil que le ha tocado resolver como cónsul?

Llevo un año y medio en este consulado y todos los días hay situaciones complicadas de personas que no perciben el salario que deberían de acuerdo con la ley de Nueva York, personas que son amedrentadas en sus lugares de vivienda por desarrolladores inmobiliarios que buscan echarles de sus casas y vender esos departamentos... También hay muchos crímenes de odio contra migrantes mexicanos motivados por su origen. Pero cada caso es importante, y todos los días llegan retos. Lo bueno es que el consulado está ahí para acompañarlos.

 

¿Su relación con el gobierno se ha vuelto más hostil a raíz de que Trump asumiera el poder?

No, nuestras relaciones con los alcaldes, gobernadores, legisladores de Nueva York, senadores y congresistas estatales y federales, son óptimas. Si acaso, se han hecho más estrechas.

 

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