12 ESTUDIANTES SIRIOS BUSCAN UNA NUEVA OPORTUNIDAD EN MÉXICO

El Proyecto Habesha planea traer a una treintena de jóvenes que huyen de la guerra en Siria para que puedan continuar sus estudios universitarios. Doce de ellos ya están en el país. De fondo, surge una pregunta: ¿México sigue siendo un país de acogida?

 

Amer Bahra llegó hace seis meses para estudiar Traducción e Interpretación por medio del Proyecto Habesha. Fotos cedidas por Proyecto Habesha.

 

Irene Larraz │ América Sin Muros

Hay algunos que no saben dónde está Siria. Otros nunca han visto a una mujer con hiyab, y cuando ven a una de sus compañeras usarlo se toman fotos con ella, como si fuera una artista famosa, dice. Aunque parezca extraño, eso les ayuda a integrarse sin los prejuicios contra los sirios que hay en Europa o en Estados Unidos, explica Amer Bahra, estudiante sirio, cuando le preguntan por su llegada a México. Amer sonríe y cuenta alguna de sus experiencias en estos últimos cinco meses en el país, al que llegó para estudiar Traducción e Interpretación por medio del Proyecto Habesha, una iniciativa de la sociedad civil que busca apoyar a 30 jóvenes sirios para que continúen sus estudios superiores en México.

Primero llegan a Aguascalientes, donde aprenden español, deciden qué van a estudiar y siguen cursos de historia, sociología y matemáticas, para adaptarse a su país de acogida. Después de seis meses o un año se van a distintas ciudades del país, como Querétaro, Ciudad de México, Puebla, Guadalajara, Monterrey, Morelia o Hermosillo y comienzan sus licenciaturas o maestrías en Comunicación, Administración o Arquitectura, entre otras, cuenta Adrián Meléndez, fundador y director del Proyecto Habesha.

“Nos dimos cuenta que dentro de toda la operación humanitaria en Siria, estaba ausente este sector de la población refugiada, que son los jóvenes, y que están imposibilitados de continuar sus estudios a causa de este conflicto armado. Creemos en la importancia de formar a la gente que será responsable de reconstruir la sociedad en todos los aspectos del posconflicto: infraestructura, tejido social, academia”, explica Meléndez.

Aunque la experiencia tiene año y medio de recorrido y ya hay 12 jóvenes sirios estudiando en México, todavía falta camino por hacer, y Meléndez aboga por seguir obteniendo recursos para financiar los cerca de 9,000 dólares que cuesta traer a cada joven.

 

 

Traer a cada joven cuesta alrededor de 9,000 dólares y el proyecto sigue buscando fondos para seguir apoyando a otros estudiantes.

 

En 2014 comenzaron con lo que Adrián llama “un amplio, amplio, amplio periodo de sensibilización y análisis” sobre qué se necesitaba. Tuvieron que emprender acuerdos con universidades para obtener becas totales, acordar con la SEP la revalidación de títulos de bachillerato, aun cuando les faltara un certificado o un sello, y configurar un sistema de aprendizaje de la lengua y adaptación a su nuevo entorno. “Fue todo un año de preparación, nos reunimos con la ACNUR, la SEP, la Unidad de política Migratoria, el INM y muchos más para tratar de identificar todas las piezas del rompecabezas”.

Para Amer esas piezas tardaron un año más en encajar. “Yo apliqué a los 22 años, ahora tengo 24; bueno, un año y medio en total”, dice ahora, después de terminar una ponencia en el seminario ‘Migración forzada reciente’, organizado por el Colegio de México. Cada marzo, en Siria, llega el momento de ir al Ejército para muchos jóvenes. Para Amer, el 15 de marzo de 2016 era su último llamado. “Si no salía, tenía que ir al Ejército y, como saben, en una guerra civil es ir a matarse entre hermanos”, cuenta. Habesha todavía no había reunido todo el dinero para traerlo, así que la familia de Amer vendió y el coche y le pagó el viaje a Ecuador. El vuelo fue así: Damasco-Beirut (Líbano)-Estambul (Turquía)-Bogotá (Colombia)-Quito (Ecuador). Una odisea.

Habesha hace una selección exhaustiva; no importa si están en un campo de refugiados en Iraq, en una ciudad sitiada en el interior de Siria o si no ha podido regular su situación migratoria, busca a estudiantes motivados y se compromete a traerlos. Si bien, eso trae consigo algunos problemas: “El pasaporte sirio no les permite viajar ni por Europa ni por EU, lo que significa que tienen que viajar a Rusia o Cuba y de ahí a México. Todo ese proceso es altamente costoso, por eso sube el presupuesto”, explica. Lo importante es el resultado: “Es impresionante ver lo rápido que aprenden. Son jóvenes que tienen hambre de aprender, de aprovechar esta oportunidad”.

 

México, ¿país de acogida?

Conforme avanza el seminario ‘Migración forzada reciente’ el debate se abre: solo en septiembre murieron más de 3,000 civiles en Siria. Más de la mitad de la población, 13 millones de personas, han sido desplazados de sus casas; como si todo el estado de Jalisco quedara vacío. Y sin embargo, en 2016, México solo recibió 27 refugiados sirios, cuenta Gilberto Conde, investigador del Centro de Estudios de Asia y África del Colegio de México. La pregunta está latente durante todo el conversatorio: ¿México sigue siendo un país de acogida para refugiados y migrantes?

El profesor Manuel Ángel Castillo, miembro del Centro de Estudios Demográficos del Colegio de México, medita su respuesta: “México tiene una tradición como país de protección y asilo a refugiados y ante migración forzada. Pero en los últimos años, ¿qué ha ocurrido con las demandas de protección? (…) Las cifras generan cantidad de retos para lograr el cumplimiento de los compromisos internacionales que México suscribió. En los últimos años México ha sido escenario de violaciones a los Derechos Humanos de extranjeros en su territorio”, dice.

 

 

Los doce jóvenes cuentan con visa de estudiantes en lugar de visa de refugiados, con la consiguiente pérdida de derechos.

 

Aunque el equipo del Proyecto Habesha logró el apoyo de varias embajadas y consulados que les apoyaron con los trámites de los estudiantes sirios que viajaron a México, ninguno de ellos ha obtenido el estatus de refugiado, sino visas de estudiantes, con la consiguiente pérdida de derechos.

“Es una farsa que México sea un país de acogida para refugiados. No, no lo es”, responde tajante Adrián Meléndez.

Pero a cambio tiene una solución: “Tal vez, a través de contar estas experiencias de migrantes y refugiados que vienen a estudiar, logramos empezar a serlo de nuevo”.

Mientras tanto, Habesha sigue buscando fondos para traer a un joven que estaba en Alepo, una de las zonas más castigadas por la guerra en Siria, migró a Yemen para encontrarse con su familia y lo alcanzó la guerra allí. Puedes contribuir aquí: http://www.proyectohabesha.org/#donar.

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