EL MITO DEL BUEN INMIGRANTE ABRE UNA BRECHA ENTRE LOS DREAMERS

La comunidad está dividida entre los que piensan que solo vale la pena luchar por una protección para los beneficiarios del DACA y los que creen que es el momento de buscar un Dream Actque cobije a los casi 11 millones de indocumentados que hay en EU.

 

Irene Larraz │ América Sin Muros

Un comentario en el grupo de Facebook DACA "Dreamers" Only desata la discordia: “¿Cuándo se convirtió DACA en la opción para subirse al carro de una reforma migratoria más amplia? (DACA) se puso en marcha para ayudar a los jóvenes, personas que llegaron al país cuando eran niños. Me molesta que estas organizaciones de reforma migratoria más amplias estén promoviendo, sin saberlo o quizás tácticamente, una ‘Dream Act’ limpia, mientras sacrifican la vitalidad de 800,000 dreamers. Sí, queremos que nuestros familiares y amigos sean legales, pero si piensan que es malo ahora, vamos a estar en un torbellino de mierda cuando estemos desempleados, indocumentados de nuevo y no podamos hacernos cargo de nuestras familias. ¡Despierta!”, señala uno de los participantes.

Decenas de comentarios le siguieron, la mayoría alegando que esta es la oportunidad de los dreamers para reclamar una reforma migratoria que legalice a los 11 millones de migrantes indocumentados y no solo a los beneficiarios de DACA. Una persona agrega: “Ustedes son inmigrantes indocumentados con el privilegio de DACA, pero aun así indocumentados. Así que paren con la mierda divisiva. Es todos o ninguno. Yo también tengo DACA, pero no voy a vender a mi gente solo para conseguir un pedazo del pastel”.

Ahora, la lucha de los dreamers parece dividida entre aquellos que aspiran a conseguir un Dream Act que respalde a los casi 11 millones de indocumentados que hay en EU, y los que creen que siendo ‘realistas’ es mejor aceptar un nuevo DACA para los 800,000 beneficiarios.

 

Jóvenes participando en el Immigrant Youth Rally en contra de la deportación frente al Capitolio el 7 de diciembre.

 

El mito del ‘buen migrante’

Lo cierto es que mientras el programa DACA protegía a 800,000 jóvenes que por primera vez podían trabajar de forma legal y tener una licencia de conducir en Estados Unidos, otros 10 millones de inmigrantes seguían bajo las sombras, con miedo hasta de tener una vida normal. Poco a poco se fue creando un discurso que enfrentaba la retórica del ‘buen migrante’ (el joven trabajador, educado y productivo), frente al ‘mal migrante’ (el criminal, el que roba trabajos, el que ocupa los servicios de la seguridad social).

“Los trajeron cuando eran niños, no los culpen a ellos; culpen a sus padres, ellos solo eran niños inocentes”, comenzaron a argumentar algunos. Muchos lo repitieron, la mayoría sin saber que mientras defendían a los dreamers y formaban una imagen de ciudadanos idílicos en torno a ellos, estaban hipotecando el futuro de sus padres.

Para el periodista Jose Antonio Vargas se resume así: “Para ser elegibles, pedimos a los beneficiarios del DACA no solo que vayan a la universidad o que se alisten al ejército. También les pedimos que señalen con un dedo a sus padres, que arriesgaron todo para traerlos o enviarlos a Estados Unidos para que estuvieran a salvo”.

Sin embargo, muchos piensan que en este momento es inviable lograr la legalización de 11 millones de personas. Menos aun considerando que los republicanos tienen mayoría en el senado, y bajo la administración Trump. Entre todos debaten si lo egoísta es no luchar por legalizar a todos o tratar de hacerlo cuando podrían salvar a 800,000 de la deportación.

El problema, como explica una beneficiara de DACA que prefiere mantener su anonimato, es el siguiente: “Yo me di cuenta de que ningún programa o ‘protección’ que el gobierno nos ofrece vale lo suficiente la pena como para criminalizar a nuestros padres, nuestros vecinos, aquellos que tomaron la difícil decisión de dejar su hogar para encontrar las oportunidades que su propio país no podía ofrecerles”.

Su reflexión continúa así: “Yo no soy mejor o peor que los otros 10.2 millones de migrantes indocumentados que no recibieron esta protección en primer lugar. No soy el ‘buen inmigrante’. No soy el dreamer. Nuestros padres, nuestras familias, aquellos que tomaron la decisión de venir a un país en el cual les criminalizan, ellos son los dreamers originales. No nosotros”.

 

Un grupo de dreamers, acompañados por el representante Luis Gutierrez, protestaron para pedir al Congreso que encuentre una solución que les brinde un estatus legal.

 

Moneda de cambio

En los últimos meses, ante las negociaciones en el Congreso para aprobar una ley que dé amparo a estos 800,000 jóvenes, se ha popularizado la expresión ‘bargaining chip’ para referirse a los dreamers que están siendo utilizados como moneda de cambio. Adrian Reyna, líder de la organización United We Dream en Oakland, advirtió: “No seremos fichas en la negociación para la agenda de Trump”, y varias figuras políticas secundaron la idea. “Es reprensible tratar a niños como parte de un negocio. Los dreamers americanos no son negociables”, publicó la legisladora Nancy Pelosi en un tuit. “Los dreamers no son moneda de cambio para el muro ni deportaciones inhumanas”, añadió el senador Chuck Schumer.

Sin embargo, hasta esa postura de defensa por parte de los demócratas parece estar bajo cuestionamientos: “Argumentando que los beneficiarios del DACA se han ganado su lugar en América, los demócratas y otros implican que la mayoría de los inmigrantes indocumentados no lo han hecho”, escribió Gaby Del Valle en The Outline, donde añadió que el DACA distrajo de la deportación de 2,5 millones de otros migrantes por parte de Obama.

“El presidente Obama y sus colegas que han salido en apoyo han estado en verdad promoviendo la dicotomía del ‘buen inmigrante’ versus el ‘mal inmigrante’”, agregó Janet Perez, organizadora del grupo de presión New York State Youth Leadership Council. “Deberíamos ser vistos como humanos esperando sobrevivir. Solo queremos lo básico, poder trabajar, poder vivir sin ansiedad, sin ser separados de nuestras familias”, añadió.

El año pasado, el libro ‘El buen inmigrante’ puso en la mira la discriminación que padecen los migrantes en un país mayoritariamente blanco, como es Inglaterra, y a través de 21 ensayos, los autores exponen los problemas que enfrentan al ser discriminados. Nikesh Shukla, editor del libro, concluye así: “Todos nosotros somos malos migrantes hasta que nos probamos a nosotros mismos que es de otra manera”.

 

En los últimos meses las protestas para pedir una solución se han multiplicado en diferentes ciudades de Estados Unidos. En la imagen, una protesta coauspiciada por la Asian American Federation en Nueva York.