PRÓTESIS PARA LOS MIGRANTES AMPUTADOS

Cada año el Comité Internacional de la Cruz Roja apoya a una veintena de migrantes que sufren accidentes y amputaciones durante su tránsito por México. Así es como funcionan.

Irene Larraz y Mónica Vázquez  |  América Sin Muros

 

 

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Persona migrante recibiendo rehabilitación física. - Crédito: Jesús Cornejo / CICR
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Cuando Juan (nombre supuesto) se cayó de La Bestia, el tren que transporta a los migrantes de Sur a Norte, era de noche y no había nadie para socorrerlo. Quedó solo a un costado de las vías, abrazando el lugar donde debía estar su pierna. Pero su pierna no estaba, se la llevó el tren.

A Blanca Aguilar, asesora regional de salud y migración para el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), le conmovió tanto esta historia, que ahora apenas puede contarla sin que se le entrecorte la voz. Desde las oficinas de Ciudad de México, Aguilar dirige el programa que ayuda a los migrantes con amputaciones a rehabilitarse y obtener una prótesis para volver a caminar.

En México, una veintena de personas se benefician cada año del programa, pero son muchos más a los que se les da una atención continua en sus países de origen, como Honduras, donde 110 personas recibieron prótesis, o Guatemala, donde hay 15 beneficiarios más. “El número se ha reducido porque son menos los migrantes que viajan en La Bestia, pero además atendemos a migrantes afectados por otros factores, como la violencia o accidentes en el camino”, explica Aguilar.

La alta vulnerabilidad que tienen los migrantes en su tránsito por el país y las numerosas violaciones a sus derechos humanos a las que están expuestos, llevaron a la Cruz Roja a diseñar un programa específico para apoyarlos.

El CICR cuenta con un centro de rehabilitación en Tapachula, donde además Ortimex produce las prótesis de polipropileno diseñadas a partir del apoyo económico que reciben de Ginebra. De esta forma, una prótesis de rodilla cuesta alrededor de 5,000 pesos, una sexta parte de lo que podría llegar a costar en un centro privado. “Tratamos de que sean prótesis funcionales, que les permitan, por ejemplo, volver a andar en bicicleta. Con el brazo es más complejo; pensábamos que iba a ser peor, pero luego los migrantes se sentían agradecidos porque dicen que con las prótesis son menos discriminados”, añade Aguilar.

El programa es integral: además de la prótesis, que es solo una fase del proceso de intervención, el CICR presta ayuda para la preparación y para la rehabilitación, así como apoyos para cubrir los gastos de alojamiento y alimentación del migrante durante los tres meses que se necesitan para todo el procedimiento. “Es un reto hacerlo sostenible. La inversión por cada migrante al que atendemos es de alrededor de 100,000 pesos”, cuenta la especialista. Muchos de los pacientes son menores de edad, y la mayoría no reciben los cuidados necesarios en el primer momento: no comen bien, llegan con infecciones que les obligan a los doctores a volver a amputar, y se enfrentan con hospitales cuyos requisitos no son acordes a la realidad del migrante, añade.

Aguilar insiste en que el programa es clave para atender a una comunidad altamente vulnerable y recuerda otro caso que le conmueve. Un día, uno de sus compañeros le llamó para avisarle que en Palenque, la ambulancia había rescatado a una mujer que había sufrido amputaciones. Aguilar llamó a los hospitales de tercer nivel para tratar de localizarla y brindarle apoyo, pero no la encontró. Cuando volvió a llamar a su compañero para pedirle más detalles le contó que había fallecido desangrada por el camino.

Las historias descritas, anteriormente, son comunes entre la comunidad migrante que cruza por México para llegar a Estados Unidos. Gracias a organizaciones como el CICR, es que estas personas tienen una mejor esperanza de vida en un mundo que les ha sido totalmente adverso. Lo que hace especial a este programa es el hecho de que no únicamente se les otorga ayuda inmediata, sino que este es un proyecto a largo plazo.