DÍA INTERNACIONAL DEL MIGRANTE 2018: ENTRE EL NACIONALISMO Y LA XENOFOBIA

258 millones de personas, el 3% de la población mundial, son migrantes. Para tener una idea de la cifra, esto equivale a la suma de toda la población de Argentina, Brasil y Ecuador.

Algunos viajan de manera segura, pero miles mueren de hambre, sed o agotamiento en el intento de llegar a otro país. Otros son víctimas de asaltantes, terroristas, traficantes de personas y de órganos.

 

El Día Internacional del Migrante llega este año en medio de una polémica represión contra la inmigración en la frontera entre Estados Unidos y México, y el esfuerzo de Donald Trump para construir un muro a lo largo de la misma. El presidente ha amenazado con cerrar el gobierno federal si los legisladores no aportan $ 5 mil millones para su promesa de campaña de construir el muro. Mientras tanto, caravanas con miles de solicitantes de asilo se han encontrado en un limbo justo fuera de las fronteras de la nación.

 

Miles de migrantes también han sido detenidos por las autoridades de Estados Unidos después de cruzar el país, muchos de los cuales buscan asilo por violencia, pandillas, hambre y persecución en Centroamérica.

 

Construyamos puentes juntos

En América sin Muros entendemos la migración como un poderoso motor del crecimiento económico y cultural. La movilidad permite a millones de personas buscar nuevas oportunidades, beneficiando a comunidades de origen y destino por igual.

 

Sin embargo, cuando no existen las regulaciones adecuadas, la migración puede intensificar las divisiones dentro y entre las sociedades, exponer a las personas a la explotación y el abuso.  Este mes, el mundo dio un paso importante con la adopción del Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular. Aunque no todos los países lo firmaron, la mayoría de los miembros de las Naciones Unidas se comprometieron a respetarlo. El Pacto está centrado en las personas y enraizado en los derechos humanos. Señala el camino hacia más oportunidades legales para la migración y una acción más fuerte para acabar con la trata de personas.

Migrar no es un delito, migrar es un derecho.

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