LA INYECCIÓN ‘ANTI-MÉXICO’ QUE SE APLICAN LAS MUJERES MIGRANTES

 

Decenas de mujeres centroamericanas se preparan con métodos anticonceptivos para evitar embarazos indeseados, ya que son conscientes de que pueden sufrir abusos y violaciones durante su viaje hacia Estados Unidos.

 

 

Migrantes centroamericanos viajan sobre el tren conocido como “La Bestia”, en su paso por México para llegar a Estados Unidos. Crédito: John Moore/Getty Images

 

 

Mónica Vázquez │ América Sin Muros

La violencia y la falta de recursos económicos son algunas de las causas que impulsan a las mujeres centroamericanas a dejar sus países de origen y viajar hacia Estados Unidos. Ellas emprenden el viaje aun sabiendo de los abusos sexuales que sufrirán en el camino por México.

Solas, con hijos o acompañadas por amigos y parientes las mujeres migrantes viajan sin documentos, lo que las lleva por un camino lleno de extorsiones, abusos sexuales, violaciones, trata de personas o incluso la muerte. Las mujeres centroamericanas saben que cruzar México no será fácil, y entre ellas corre la voz de la necesidad de protegerse de la violencia sexual que probablemente vivirán. De hecho, muchas de ellas se aplican un método anticonceptivo conocido como ‘la inyección anti-México’.

“Si te violan, no quedas embarazada. Y sólo tendrás en el futuro el trauma del evento, pero no un bebé a causa de la violación”, cuenta una mujer migrante en los relatos recuperados en el estudio ‘Mujeres en Fuga’, del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Se rumora que esta inyección viene incluida en los paquetes que ofrecen los coyotes para cruzar México, pero no hay información exacta que lo confirme. Lo que sí se conoce es la preocupación de las mujeres migrantes al respecto, ya que en caso de acudir a un centro de salud, ellas solicitan que se les apoye con un método anticonceptivo para continuar el viaje. “No hay datos que nos dejen concluir dónde consiguen el anticonceptivo en sus países de origen. Se piensa que lo adquieren por sí solas o en centros de salud”, comenta Miriam De León, coordinadora médica de los proyectos de Médicos Sin Fronteras (MSF) para migrantes centroamericanos en México.

 

La búsqueda de protección sexual

El anticonceptivo más frecuente que usan las mujeres para el viaje por México es la inyección Depo-Provera, la cual con una aplicación reduce el riesgo de embarazo durante tres meses. En ocasiones el viaje hacia Estados Unidos dura más, dependiendo de la ruta y los medios utilizados por las mujeres; por lo que, una sola inyección no les es suficiente para llegar a su destino. “Durante su movilidad, algunas mujeres contactan al equipo de MSF y presentan la inquietud de consumir y continuar con los anticonceptivos”, agrega De León.

Aunque existen métodos de planificación familiar con una duración de hasta cinco años, como el implante, los costos son muy altos y la disponibilidad es limitada en Centroamérica. “No es una decisión de salud reproductiva o de planificación familiar. Ellas optan por anticonceptivos porque saben que corren el riesgo de ser abusadas sexualmente, y deciden, por lo menos, tener bajo control el tema de no quedar embarazadas”, concluye la coordinadora médica.

Se tiende a generalizar el uso de anticonceptivos en las mujeres migrantes, sin embargo, muchas huyen de sus países sin siquiera planificar el viaje, mucho menos su salud reproductiva. La falta de recursos económicos y de información juega un papel determinante. Ada, originaria de Tela, en Honduras, lleva dos meses viajando junto con su esposo y primo. Ellos dejaron su ciudad a pie y por consejos de la gente llegaron a Ixtepec, Oaxaca, caminando entre montes y subiendo a los trenes. “No hablamos con ningún coyote, tampoco lo haremos en el norte, no tenemos dinero. Cruzaremos solos”, comenta Ada.

 

 

Mujer descansa con sus compañeros de viaje junto a las vías del tren. Crédito: Jan Sochor/Latincontent/Getty Images

 

Víctimas de la violencia

Alrededor de 500,000 inmigrantes entran cada año a México. Sin embargo, por su invisibilidad y su continuo tránsito, es difícil tener información exacta. En el último informe de MSF entrevistaron a 467 migrantes y refugiados que la organización atendió, de los cuales el 68.3% dijo haber sido víctima de la violencia durante la ruta hacia Estados Unidos. Casi un tercio de las mujeres habían sufrido abusos sexuales durante el viaje. El 60% de las 166 víctimas de violencia sexual atendidas habían sido violadas; el resto sufrieron otro tipo de agresiones y vejaciones sexuales, incluida la desnudez forzada, según datos de MSF. Si bien, no todos los entrevistados aceptaron responder a las preguntas relativas a violación sexual.

Muchas organizaciones confirman que este porcentaje de violaciones sexuales es mayor, pero es complicado obtener datos fidedignos pues solo una mínima parte de las víctimas llegan a un centro de salud para pedir ayuda. Las personas sienten miedo a ser criticadas por el personal médico, no saben que requieren atención, ni que tienen el derecho a recibirla. Incluso temen sufrir mayores abusos o ser deportadas. 

Cruzar México pareciera una aventura épica de las narradas en las historias medievales, pero en esta, los actores principales provienen del Triángulo Norte de Centroamérica (TNC): El Salvador, Honduras y Guatemala. Estos países ocupan respectivamente el primero, segundo y cuarto lugar en tasas de feminicidios a nivel mundial, según la Declaración de Ginebra. En su paso por México, el riesgo no es menor. Desafortunadamente, ellas están acostumbradas a altos índices de violencia lo que les hace difícil aceptarla y verbalizarla, y complejiza la recolección de datos que reflejen la gravedad de la situación.

“La mayoría de las mujeres con las que tuvimos contacto durante nuestra investigación de campo habían sufrido violencia”, comenta Karla Valenzuela Moreno, coordinadora de la Maestría en Estudios sobre Migración de la Universidad Iberoamericana. “Hablamos con mujeres que no sabían que eran víctimas. Una vez nos contaron que un doctor les pidió que se formaran, se desnudarán y giraran en círculos. Por supuesto, eso es violencia, pero ellas no lo detectan”, concluye Valenzuela, también fundadora del Laboratorio de Investigación Social Justicia en Movimiento.

 

El costo de una vida mejor

Durante su trayecto, las mujeres migrantes se enfrentan al acoso sexual de sus compañeros de viaje y por parte del coyote. A Claudia (nombre supuesto), que viajaba desde Guatemala con su hija, el coyote la violó a diario durante 20 días. A cambio, él le ofreció una tarifa reducida de tráfico si ella aceptaba tener relaciones sexuales. Ella sólo accedió porque temía que matara o violara a su hija si protestaba, según declaró en el informe ‘Mujeres en fuga’ de ACNUR.

La violencia sexual se ha normalizado y ya es parte de lo que se espera en esta ruta a cambio de protección, guía y ayuda para llegar al destino. Uno de los problemas a vencer es que la salud de las mujeres y hombres que transitan por la frontera sur y norte de México no está registrada en su totalidad.  

Con muy poco que ganar y mucho que perder, la migración femenina e infantil ha aumentado en los últimos años. Ante este panorama de desesperanza, las mujeres aseguran que “no todo está perdido” y, aun sabiendo que sus posibilidades de llegar seguras son pocas, deciden emprender el viaje.

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