SUEÑOS ROTOS DE LOS DREAMERS

Las estrictas políticas migratorias del actual mandato en EUA, traen de regreso a miles de personas que poco conocen de este país.  Desilusionados por el futuro, los jóvenes se incorporan a la realidad poco alentadora de los millennials mexicanos.

 

América sin Muros    Mónica Vázquez Ruiz

 

Terminar la escuela, obtener un permiso de trabajo, poder viajar a otros países y salir de las sombras, son los deseos más profundos de muchos jóvenes indocumentados que llegaron a EUA cuando eran menores de edad.  Conocidos bajo el sobrenombre de dreamers, este grupo representa una población de casi 800 mil personas, de los cuales, alrededor de 600 mil son mexicanos.  De terminarse el amparo con el que viven en EUA, regresarían a México. La pregunta es: ¿qué les podemos ofrecer?

Aún sin la terminación de este programa, México se enfrenta a grandes retos. Según cifras del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE) el año fiscal 2017, se expulsó a 226,119 indocumentados. Aunque en su reporte ICE detalla las causas de deportación, poco sabemos de las características de estas personas; no conocemos sus necesidad, poco sabemos de ellos, no se determina si son dreamers o jóvenes sin estudios. Por su parte, el gobierno mexicano no ha publicado estadísticas al respecto. Las medidas antimigrantes del presidente Donald Trump y la falta de atención de este lado de la frontera nos envuelven en una crisis de la que poco estamos preparados.

 

De concluirse el DACA alrededor de 600 mil jóvenes regresarían a México. | Revista Selecciones México.

 

¿Cómo surgieron los dreamers?

El sueño de estos jóvenes sin documentos por obtener la ciudadanía surgió en el año 2001, cuando tres representantes patrocinaron ante el Senado el DREAM Act (Development, Relief, and Education for Alien Minors Act), que en español se traduce como “Ley de fomento para el progreso, alivio y educación para menores extranjeros”.  Este significaba un puente para obtener documentos, pues los jóvenes migrantes calificados tendrían la oportunidad de convertirse en residentes legales, siempre y cuando demostraran sus estudios o ser parte de las fuerzas armadas. Dicho estatus estaría condicionado a seis años, y para renovarlo debían demostrar un buen comportamiento y no tener antecedentes criminales. El Dream Act sacaría de la sombra a 65 mil estudiantes graduados, cada año. Sin embargo, no tuvo éxito en el Congreso y la ley quedó congelada.

Las esperanzas de los jóvenes resurgieron con las promesas de campaña de Barack Obama, quien se perfilaba como gran apoyo para la comunidad hispana. Tan pronto Obama llegó al poder,  las deportaciones masivas comenzaron y los sueños de los dreamers quedaron en el olvido. Pero en 2012, los jóvenes recibieron un último alivio: DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia). Acción ejecutiva que no provee estatus “legal” o una vía para la ciudadanía, pero sí ampara a los jóvenes sin documentos a no ser deportados, acceder a permisos de trabajo, licencias de conducir, número de seguridad social e incluso, permisos de viaje. El DACA tiene una duración de dos años, después se tiene que solicitar la renovación. Hasta aquí el futuro de miles de jóvenes se despojaba de incertidumbres.

Con la llegada del presidente Donald Trump, los dreamers volvieron a perder esperanzas. Una de las promesas de campaña fue terminar con la migración indocumentada, y el mandatario no dudó en cancelar el DACA. Distintos jueces han revertido la orden del presidente, pero el paso final aún está por definirse. El vaivén político ha creado ansiedad entre la comunidad joven que reside, estudia y trabaja bajo el DACA.

 

Maggie Laredo, codirectora de “Otros Dreams en Acción” | Mónica Vázquez

 

Soñar de este lado de la frontera

Para un joven que se identifica como dreamer, el ser detenido por las autoridades norteamericanas y ser deportado a México, no significa el retorno a su país de origen, sino un destierro. “Los jóvenes víctimas de esta situación no sienten que regresan a su país, ellos se sienten norteamericanos. Las emociones que viven al estar en México son de miedo, tristeza, incertidumbre, estrés, inseguridad, frustración, y la más importante desubicación”, comenta Pilar Denegri Piña, especialista en primeros auxilios psicológicos para personas migrantes, refugiados y desplazados, por el Instituto Mora. 

La ansiedad que viven los dreamers, tanto en EUA como en México les genera muchas dificultades de adaptación. Para la especialista Denegri, estos jóvenes se enfrentan a la “exclusión social”, es decir, no se sienten ni de aquí ni de allá. Añade que cada “cada persona retornada se enfrenta a una ruptura familiar, lo que les imposibilita mirar hacia el futuro o generar expectativas. Muchos de ellos crecieron con ansiedad de ser deportados, y finalmente lo fueron”, agrega Denegri.

Josefina Ramírez, joven de 26 años, deportada hace un año a México, asegura que regresar fue una de las pruebas más difíciles de su vida. Primero, su familia se quedó en EUA, aquí no tenía casa por lo que se mudó a un cuarto que le ofrecieron sus tíos lejanos. Agrega que si bien, el choque cultural fue grande, el gobierno dificultó aún más su adaptación, pues no obtuvo ningún apoyo para poder obtener documentos en su propio país. “Era más fácil moverme en EUA como indocumentada, que en México. Llegando me otorgaron mi hoja de repatriación, pero ésta no me sirve para ningún trámite. No la valen en ninguna oficina de gobierno”, concluye Josefina, quien se dedica al comercio informal en el centro de la capital del país.

“Se necesitan soluciones que incluyan la protección de sus derechos, poner atención a la identidad, origen y causas que los llevaron a este momento. Es elemental no generalizar las soluciones sin mirar las necesidades específicas”, concluye Denegri, especialista en psicología de la migración.

 

 

Poco que ofrecerles

“Los dreamers se convirtieron en un discurso político. En primer lugar, se asume que todo joven deportado pertenece a esta categoría, cuando no es así. La juventud binacional es muy diversa. En segundo lugar, se le promete a los dreamers acceso a un futuro que ni los mexicanos tienen”, comenta Maggie Loredo, codirectora de la organización “Otros Dreams en Acción”.

En cuanto a la inserción laboral de los jóvenes retornados, las expectativas no son alentadoras. Ya que en el cuarto trimestre de 2017 se contabilizaron 14.6 millones de jóvenes entre 15 y 29 años económicamente inactivos. Según datos del diario El Economista, de ellos, 2.4 millones dijo estar disponible para trabajar pero no lo hacen por la falta de oportunidades y la poca flexibilidad de las empresas de contratar estudiantes.

A pesar de que México mantuvo una tasa de desempleo de 3.3% en febrero de este año, la cuarta mejor de la OCDE, el desempleo creció en sectores muy específicos de la sociedad, como son los jóvenes y las mujeres. Según el estudio de este organismo, la falta de empleo entre los jóvenes mexicanos (de 15 a 24 años) fue de 6.8% en febrero, por arriba del 6.6 por ciento en enero.  La tasa de desocupación entre la población universitaria es de 4.4 por ciento, lo que de acuerdo a cifras de El Semanario se traduce en: “478 mil profesionistas que no encuentran trabajo en nuestro país”.

¿Qué le ofrece el país a los jóvenes calificados: dreamers y mexicanos? Muy poco. Otra promesa que se les ha hecho a los dreamers es el acceso a la educación, lo cual parece una promesa difícil de cumplir. Este año 146 mil 313 aspirantes realizaron el examen para la UNAM, fueron aceptados 12 mil 584; otros 107 mil para el IPN, sólo 24 mil obtuvieron un lugar.

En una publicación de El Universal, el rector de la UNAM, Enrique Graue, dijo que esa institución “se encuentra lista” para enfrentar cualquier situación que pudiera presentarse con los miles de indocumentados que formaban parte del DACA. Pero las cifras de admisión y rechazados nos indican lo contrario. Los dreamers aterrizan en una realidad poco favorable que vive la generación millennial en México.  Distintas universidades privadas han expresado su apoyo, al respecto la Universidad Iberoamericana fue la que dio mayores detalles de su plan de acción. En un comunicado informó que los jóvenes retornados a México puede aplicar al plan de 1,500 becas: Si quieres, puedes estudiar; las cuales cubren hasta el 100% de las colegiaturas.

 

Hola < code / > es un programa social que ayuda a los jóvenes retornados a convertirse en programadores.  |  Maskot/Getty images

 

¿Y en los negocios?

“Mucho se ha idealizado a los jóvenes deportados y a los dreamers. Se dice que ellos están altamente preparados y van a salvar la economía mexicana. Al tratar de encasillarlos a todos bajo esta etiqueta se borran sus particularidades y necesidades reales”, asegura Maggie Laredo, de ODA. “Algunos trabajaron siempre en el campo, otros no aprendieron bien el inglés, otros no son buenos con la computadora. Cuenta mucho dónde vivió la persona en EUA, pues cada ciudad es una experiencia distinta. No es lo mismo haber estado en California que en el centro de EUA. Incluso es importante saber a qué parte de México están regresando”, agrega Loredo, joven deportada a México que no se identifica con la etiqueta de dreamer.

Los jóvenes que llegan repatriados, a diferencia de los mexicanos, crecieron en un país donde las oportunidades y potencial económico abundan. ¿Qué hacen a su regreso? La mayoría de los jóvenes que hablan inglés trabajan en call centers, ya que les piden pocos documentos para integrarse. Los salarios que reciben van desde los 4 a 8 mil pesos mensuales. En caso de tener ahorros, algunos deciden abrir sus propios negocios. Otros se dedican al comercio informal o laboran en servicios, como ayudantes de cocina, taxistas o en áreas de carga. 

Uno de los programas más novedosos y con mayor probabilidad de inserción en el mundo empresarial es Hola . Modelo de negocio ideado por la mexicana Marcela Torres, quien creó una alianza con Hack Reactor. En este programa, personas desde los 18 hasta los 30 años de edad, ingresan a un curso intensivo de programación de 5 meses, al finalizar se les contacta con una bolsa de trabajo. Los participantes no necesitan tener experiencia previa, solo se les aplica un examen de habilidades matemáticas y de análisis. Paralelo a sus estudios se les ayuda con manutención económica y se les facilitan los recursos digitales que necesitan. Además se les brinda apoyo emocional a los jóvenes con actividades como yoga y talleres de distintos tipos. “Estamos muy contentos con los resultados de la primera generación. Algunos de nuestros graduados ya están laborando.  De hecho, estamos por abrir la segunda generación. Todo mayo vamos a recibir las solicitudes”, comenta Carolina Estrada, jefe de comunicación en Hola .

 

Falta mucho por hacer como mexicanos

“Los dreamers no son un grupo homogéneo como las autoridades lo hacen ver. Es mucho más complejo. El gobierno dice vamos a apoyar a los dreamers pero, ¿el resto de las personas que no lo son? Los dreamers son un porcentaje muy mínimo. Se evaden responsabilidades de ver las otras necesidades. El gobierno no quiere ver que no se puede encajar a todos en un cuadro”, concluye Loredo de ODA.

Muchos son los retos que enfrentamos como país y sociedad. Y los jóvenes retornados solo se suman a las adversidades. ¿Qué formas de inserción serían las más efectivas para ellos? Documentación que acredite a su persona, acceso a la educación, psicólogos, ágil revalidación de estudios, seguro popular, traductores y bolsa de trabajo bilingüe.

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